miércoles 8 de septiembre de 2010

Pollo al melocotón

Hoy en mi nevera había pechuga de pollo y un melocotón así que lo he visto claro. Mi cena sería Pollo al melocotón. Así, como los grandes cocineros de la tele. Yo pensaba que iba a estar bueno porque si los chinos podían mezclar pato con naranja, ¿por qué no iba a hacer yo lo mismo con mi pollo y mi melocotón? La ilusión se me ha venido abajo cuando he probado mi receta. Era tan desagradable para los sentidos que aún se me pone la piel de gallina al recordarla, pero me lo he comido todo para no morir de desnutrición.
Cuando ha llegado a casa mi compañera de piso (que es de Shangai) me ha aclarado que los chinos sí que eran capaces de mezclar sabores tan contrarios como el agrio y el dulce en una sinfonía perfecta llamada sabiamente "salsa agridulce" pero que en realidad era algo muy complicado como para que saliera bien a la primera. Hacían falta muchas dinastías para conseguir algo así y yo sólo soy una pobre redactora de noticias del corazón para adolescentes. Cada uno a lo suyo, está claro.

lunes 23 de agosto de 2010

La abeja

Llevo una temporada escuchando una especie de abeja en mi cuarto. Al principio me preocupé porque oye, si tengo que compartir cuarto por lo menos que salga y pague su parte de alquiler, así que me puse a buscarla por todo.
Moví la cama, los muebles, descubrí que el polvo había que barrerlo porque si no crea pequeños animales de mierda... Mi búsqueda fue tan intensa que hasta aproveché para darle la vuelta al armario (por lo visto mi piso está en cuesta y los muebles se caen hacia adelante. Mi táctica, a falta de una mejor, es darles la vuelta para que se tuerzan hacia el otro lado. Soy una ingeniera, está claro). Bueno, el caso es que no encontré ninguna abeja dando vueltas por ahí.
Hoy estaba en el salón y la he vuelto a oír. Sonaba cuando encendía mi ordenador y paraba cuando lo apagaba. Era la batería.
Es posible que estas sean las últimas palabras que escriba antes de que mi batería estalle y yo muera hecha trocitos muy pequeños y pegajosos así que voy a utilizarlas bien.
Estiércol, despiporre, chorrete y cachalote. Aish, ¡qué gusto da decir estas palabras!

miércoles 18 de agosto de 2010

Cerdo

Hoy me quería dar un homenaje porque creo que he sido especialmente buena y me he comprado una pizza de cuatro euros. Congelada, claro. Hacer venir a un señor desconocido no es lo mío y menos después de verme la serie de Pretty Little Liars (madre mía, es tan adolescente y tan misteriosa que me tiene loca). Bueno, el caso es que la pizza esta sólo tenía un tipo de jamon pero el señor que la había cocinado había decidido cortar los trozos de dos formas diferentes, ¿qué le llevaría a ese señor a hacer una cosa así? He pensado que era por estética pero la verdad es que si en el mundo de la pizza eso es arte yo no debo de ser el público al que va dirigida esa obra. Lo mismo que me pasó cuando fui al MACBA...
De todas formas, y aunque no he sabido apreciar su obra como es debido, gracias señor pizzero, con su labor me ha sido más fácil apartar el jamón (que me da asco, sí, vale, ya he oído mil veces eso de "¡¿Pero cómo que no te gusta el jamón?!") de mi pizza. Con su excentricidad jamonera ha ganado una cliente fija hasta el día que se me acabe el contrato y deje de poder pagar caprichos como ese.

martes 23 de marzo de 2010

martes 16 de marzo de 2010

Chatroulette

Hasta hace unos minutos pensaba que en Chatroulette sólo podía encontrar el mal y gente enseñando el pene. Bueno, el mal, gente enseñando el pene y asiáticos con sujetadores de fantasía.

Ahora gracias a un señor loco he descubierto nuevas aplicaciones para esa web del mal tan entretenida.

miércoles 17 de febrero de 2010

Buscando a su musa

Mireia ha encontrado esto por internet.


Cómo están las cosas que ahora hasta los poetas tienen que buscar a sus musas por internet.
No voy a comentar lo de la belleza combinada porque hay algo que me tiene más intrigada: Paga en especias. Pero en qué va a pagar este señor, ¿en romero y perejil?

miércoles 10 de febrero de 2010

Tara me da miedo

Esta semana no hace más que saltarme este anuncio.

Tara, no insistas, no quiero tu videncia gratuíta por varias razones.
La primera es que no me creo que seas una medium visionaria y que hayas pagado por un anuncio tan mierdas como el que tienes.
La segunda es que me da asco tu cabeza sujeta por ese cuello extraño y retorcido.
Y la tercera. Tara, eres un hombre. Asúmelo.